
Invitado José Manuel Correa Ceseña
Debemos profundizar aún más, lo hemos venido haciendo, en la transparencia y en la rendición de cuentas. Todos somos responsables de mejorar al Congreso y hacer énfasis en lo que son sus funciones esenciales: la creación legislativa y la fiscalización del poder público.
Un presupuesto, como su nombre lo indica, es una relación de erogaciones probables que una entidad supone realizar en un ejercicio determinado. Si bien un presupuesto no es un corsé que constriña a la institución, si significa, por supuesto, un marco ordenador y referente al que debe circunscribirse el gasto de la entidad en cuestión. Ello, incluso, por mandato constitucional.
Subrayamos el término “supuesto” porque los recursos de la institución pueden, en el transcurso del ejercicio, sufrir modificaciones.
Estas consideraciones vienen al caso como premisa para abordar el tema presupuestal del Congreso con un sentido serio y objetivo. Debo decir, al respecto, que leí con suma atención la exposición que sobre ello expresaron tanto el señor diputado Enrique Aubry De Castro Palomino y el académico Alberto Bayardo Pérez.
Ambas exposiciones, en una forma u otra muy valiosas, con puntos de vista realistas que mucho contribuyen a puntualizar tan importantes temas, tratados por ambos, al margen de descalificaciones absurdas o linchamientos al Poder Legislativo.
Es importante en principio, que, aunque de manera sucinta, ensayemos una relación cronológica del tema, sus particularidades en tiempo y circunstancia, hasta llegar a la actualidad mencionando los catalizadores políticos, económicos y sociales que han incidido en las finanzas del Congreso y en el Congreso mismo.
- Posteriormente haremos algunas propuestas.
- Es un asunto que no es menor.
- En los últimos años, y ahí están los números, el presupuesto del Congreso ha oscilado entre los 818 y los 843 millones de pesos, inflación, más o menos.
- En 2009, legislatura 58, el Congreso presupuestó 842 millones de pesos, pero terminó ejerciendo, en términos reales, 1,103 millones de pesos.
- En el presupuesto de 2010 aprobado en septiembre de 2009, el presupuesto formal fue de 536 millones de pesos (lo que representa de entrada una disminución del anterior, de 306 millones, esto es, 36 por ciento menos. Lo que es indebido, porque por ley, no pueden establecerse presupuestos disminuidos).
- Además no se consideró lo que se aprobó en la 58 legislatura en el capítulo 1000: seis nuevos órganos técnicos y una unidad de vigilancia.
- Tampoco se consideró presupuesto para solventar 248 nuevas plazas de base y 137 contratos por tres años.
- Todo ello supuso una erogación de 387 millones más que no fueron presupuestados para 2010.
- De esta manera, en 2010 el Congreso terminó ejerciendo 850 millones de pesos.
Esta cantidad fue la que se presupuestó para 2011. Esto es, se solicitó lo que en años anteriores, en términos reales. Nada más. Y que es suficiente para el buen funcionamiento del Congreso.
Sin embargo, este presupuesto fue vetado en diciembre de 2010 y entonces, de acuerdo con la normatividad constitucional tiene que ejercerse el anterior, pero el formal (no el real) de 2010: 536 millones de pesos. Habrá que recordar que el real alcanzó los 850 millones de pesos.
Bien, con dicho presupuesto castigado, que en realidad en esa limitada medida nunca había tenido el Congreso, hemos venido trabajando.
Lo hemos optimizado de tal manera que nos ha alcanzado, no sólo para nuestro gasto ordinario, sino incluso, para pagar las deudas inerciales: pensiones del estado, IMSS, ISR, proveedores y el préstamo contraído con el sindicato de maestros de la Universidad de Guadalajara (en vista de que el presupuesto de 2010 se agotó a finales de este año).
¿Nos han alcanzado los recursos? Sí, como dice sabiamente nuestro pueblo: “Raspándole a la olla”, ajustándonos severamente el cinturón, y cancelando todo género de gastos, algunos prescindibles: autos, gasolina, vales de comida, peaje, etcétera. Pero también proyectos y eventos de trascendencia para el Poder Legislativo.
Nuestro problema principal son las erogaciones extraordinarias: en abril, hay que adelantar aguinaldos, se resolvió; en septiembre hay que pagar el bono del servidor público, se resolvió; ambos significaron un mes y quince días respectivamente de gasto extraordinario. Diciembre es nuestro principal problema, porque hay que pagar aguinaldo, prima vacacional, estímulo legislativo, y mes completo; son más de cuatro meses de un solo golpe. Esta erogación es nuestro problema. Ninguna distracción de otro género.
Y como se ve, un enorme porcentaje del presupuesto del Congreso se dedica a pago de personal. Ahí se invirtió, el apoyo extraordinario de 100 millones de pesos que entregó el gobierno del estado, aunque hay que decir que el planteamiento del Congreso fue que el ajuste presupuestal alcanzara los 200 millones, cifra que no otorgó el Ejecutivo y cuya diferencia (100 millones de pesos) es lo que en este momento le hace falta al Congreso para terminar el año.
Como se ve, hay un marco referencial de la insuficiencia financiera del Poder Legislativo.
Para complicarlo todo, en el ámbito del Congreso inciden intereses externos al que buscan satisfacer sus muy particulares intereses y ambiciones, al no lograrlo en todas las ocasiones deturpan a una institución que significa la representación soberana del pueblo de Jalisco. De todo el pueblo. No de un sector o de una fracción.
Finalmente para el presupuesto 2012 no se planteó ningún aumento. Es el mismo presupuesto histórico de ejercicios anteriores. A pesar de lo que se ha dicho, el presupuesto propuesto no tiene ningún incremento, es el del año anterior y del anterior, y del anterior. Ya explicamos porqué.
En fin, el Congreso no puede ya estar en estas condiciones. Debe tener un presupuesto suficiente y racional, lo subrayo: racional, y ajustarse a él de manera disciplinada. Todos debemos hacerlo. Para tal efecto, debemos profundizar aún más, lo hemos venido haciendo, en la transparencia y en la rendición de cuentas. Todos somos responsables de mejorar al Congreso y hacer énfasis en lo que son sus funciones esenciales: la creación legislativa y la fiscalización del poder público. Agregaría, quizá, una más de orden cultural: la gestión a favor de los ciudadanos.
Como dije: Hay que preocuparnos y ocuparnos de la problemática del Poder Legislativo de Jalisco, evitando los linchamientos que a nada conducen y a nadie sirven, menos a las Instituciones de la sociedad.
El autor es secretario general del Congreso local.

























